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URBE INFINITA
Urbe Infinita es una investigación visual en curso sobre la arquitectura autoconstruida en Lima, Perú. A través de fotografía, video, testimonios e imágenes de Google Maps Street View, el proyecto explora una ciudad que se construye continuamente a sí misma.
LA EXHIBICIÓN
EL PROYECTO
NOTICIAS/PRENSA
LA EXHIBICIÓN
La primera presentación de Urbe Infinita tuvo lugar en mayo de 2025, en una casa de 1968 próxima a ser demolida para dar paso a un edificio - un espacio en transición que situó la muestra dentro de los temas del proyecto.
La exhibición reunió un archivo visual que registra la evolución de más de 80 viviendas mediante imágenes de Google Street View, entrevistas en video con tres familias y proyecciones con testimonios de maestros de obra. Incluyó también un expediente elaborado en colaboración con el maestro de construcción Nicolás Chávez, que documenta y analiza casos de arquitectura autoconstruida con el mismo rigor que suele reservarse para la arquitectura formal.
La exposición contó con la curaduría de Carlos Caamaño y el apoyo de UNACEM y CC17 Inmobiliaria.
TEXTO CURATORIAL
UN LENGUAJE INFINITO
Desde su invención, la fotografía desplegó una especial atención por las ciudades y el paisaje urbano. Sus primeros representantes, aquellos que empezaron a experimentar con las nuevas posibilidades de captura y revelado de la imagen, dirigieron su mirada a los centros urbanos que crecían y se reconfiguraban rápidamente con el avance del siglo XIX. Tal fue la importancia que cobró este nuevo medio en el afán de registrar el desarrollo de las ciudades, que el gobierno francés creó el primer proyecto público de catalogación fotográfica para edificios de carácter patrimonial e intangible en París. Lo siguieron otros proyectos similares, en su mayoría impulsados por gobiernos, centros académicos y educativos, e instituciones dedicadas a la arquitectura y al urbanismo. En ese camino, y con el transcurrir del siglo XX, la fotografía -indesligable de su dependencia de los avances tecnológicos- se posiciona como un medio versátil, ecléctico e infinito. Un medio que se convierte en lenguaje. Un lenguaje que supera géneros. Un lenguaje que puede ser arte, documento, periodismo, ciencia, moda, publicidad; en fin, un lenguaje cuya aplicación es infinita.
En ese territorio surge Urbe Infinita, primera individual de Rafaella Castagnola, quien apela a lo fotográfico (la imagen fija) y a uno de sus descendientes -el video (la imagen en movimiento)-, para desarrollar un proyecto, en el que una vez más, el lenguaje fotográfico se revela a estar circunscrito a una sola categoría, para expandirse a una diversidad de usos. En Urbe Infinita la fotografía no es un fin, es sino un medio para abrir un debate, para articular ideas, para explorar una ciudad -también infinita- como lo es Lima. El proyecto que Castagnola nos presenta, reúne asimismo todos los elementos de lo que hoy en día se denomina como lo ‘post-fotográfico’, concepto desarrollado por el curador y fotógrafo español Joan Fontcuberta, donde la noción de fotografía se articula en su relación con lo digital hasta su actual iteración como unión entre la imagen, la tecnología e Internet. En esa línea estética, Castagnola recurre, junto con la fotografía y el video, a la apropiación de imágenes obtenidas desde Google Maps. No es gratuita la cercanía de Urbe Infinita con lo ‘post-fotográfico’. Por un lado, la trayectoria multidisciplinaria de su autora condiciona espontáneamente el uso de distintos lenguajes. Por el otro, un proyecto que intenta comprender el entorno urbano como un sistema vivo, más aún el de Lima, se torna en una tarea casi inabarcable, un ejercicio ambicioso que se sitúa a medio camino entre arte, investigación y ensayo social. Y es que, en el campo del arte, nuestra ciudad dejó de ser la representación de un paisaje, para pasar a ser una imagen indescifrable, contradictoria y compleja, siendo más bien un caldo de cultivo para analizar, desde la infinidad del recurso ‘post-fotográfico’, la reconfiguración social y urbana de lo que conocemos hoy como la nueva Lima.
Carlos Caamaño A.
Londres, mayo de 2025.
TEXTO DE ARTISTA
Hace un año me encontré con la idea de Tim Ingold de que los edificios, al igual que los entornos naturales, están en constante evolución. Inmediatamente pensé en el paisaje autoconstruido de Lima: una ciudad que ha crecido vertiginosamente sobre el desierto costero, formando un entorno que nunca termina de definirse: fachadas de ladrillo expuesto, fierros que sobresalen como indicios de expansión, escaleras hacia niveles aún por construir. Siete de cada diez casas en Lima han sido levantadas mediante la autoconstrucción: calles y viviendas que emergen sin planificación pero de manera simultánea, en una ciudad que se hace a sí misma.
Después de leer el texto de Ingold, entré a Google Maps Street View y comencé a capturar imágenes de estas edificaciones. Para quienes hemos vivido principalmente en la llamada ‘Lima Moderna’, los barrios autoconstruidos siempre han parecido otra ciudad: vasta e inabarcable. Google Maps no solo me ofrecía una exploración espacial infinita, sino también un viaje en el tiempo: ver cómo una misma estructura cambia a lo largo de una década. Estas imágenes de “antes y después” vuelven tangible el concepto abstracto del tiempo, mientras registran una ciudad en constante transformación. Así fue tomando forma un archivo visual de estructuras que, paradójicamente, se resisten a ser archivadas: formas que han modelado una ciudad que todavía no termina de reconocerlas.
Mientras recorría el paisaje virtual de Google Maps, casi ausente de presencias humanas, sentí la necesidad de contrastar esa mirada externa y anónima con la experiencia directa de los autores de la autoconstrucción. Visité sitios en obra y viviendas en Lima Sur, donde conversé con los maestros, que actúan como catalizadores del proceso, y con las familias, que impulsan el crecimiento de sus hogares. Sus relatos concretaron la abstracción del archivo: detrás de cada ladrillo expuesto y cada estructura inacabada hay una acumulación de esfuerzos, conocimientos y aspiraciones que levantan la ciudad. Casa por casa. Familia por familia.
Las imágenes de Google Maps y los testimonios recogidos conviven en esta exhibición, que tiene lugar en una casa próxima a ser demolida para dar paso a un edificio. Es una vivienda de 1968, una época en la que la autoconstrucción ya era un tema central en los debates sobre la ciudad. Urbanistas y arquitectos, tanto locales como internacionales, vieron en este fenómeno un laboratorio para explorar procesos de crecimiento urbano espontáneo y una agencia colectiva frente a la rigidez de la planificación tradicional. La visión era optimista: esta ebullición social que transformaba el perfil urbano podría dar lugar a un nuevo orden. Décadas después, seguimos habitando una ciudad moldeada por ese desborde popular: un proceso autónomo y masivo que reconfiguró Lima desde abajo, sin que el Estado ni las estructuras formales lograran integrarlo plenamente y establecer ese ansiado nuevo orden.
¿Qué revela el paisaje que hemos construido? Urbe Infinita es un intento por entender nuestro entorno urbano como un sistema vivo. Pensar los hogares autoconstruidos como archivos generacionales. Sueños en construcción continua. Un registro visual de cómo las personas se adaptan y sobreviven en un sistema que no siempre las incluye. El azar y la necesidad convertidos en arquitectura,en ciudad, en hogar. Estas estructuras son monumentos contradictorios: a la resiliencia, al esfuerzo, a la precariedad y al abandono estatal. Y son, finalmente, expresiones de la necesidad humana de persistir, de crear, de construir.
-rafaella castagnola, lima, mayo de 2025.
TEXTO DE ARTISTA
Hace un año me encontré con la idea de Tim Ingold de que los edificios, al igual que los entornos naturales, están en constante evolución. Inmediatamente pensé en el paisaje autoconstruido de Lima: una ciudad que ha crecido vertiginosamente sobre el desierto costero, formando un entorno que nunca termina de definirse: fachadas de ladrillo expuesto, fierros que sobresalen como indicios de expansión, escaleras hacia niveles aún por construir. Siete de cada diez casas en Lima han sido levantadas mediante la autoconstrucción: calles y viviendas que emergen sin planificación pero de manera simultánea, en una ciudad que se hace a sí misma.
Después de leer el texto de Ingold, entré a Google Maps Street View y comencé a capturar imágenes de estas edificaciones. Para quienes hemos vivido principalmente en la llamada ‘Lima Moderna’, los barrios autoconstruidos siempre han parecido otra ciudad: vasta e inabarcable. Google Maps no solo me ofrecía una exploración espacial infinita, sino también un viaje en el tiempo: ver cómo una misma estructura cambia a lo largo de una década. Estas imágenes de “antes y después” vuelven tangible el concepto abstracto del tiempo, mientras registran una ciudad en constante transformación. Así fue tomando forma un archivo visual de estructuras que, paradójicamente, se resisten a ser archivadas: formas que han modelado una ciudad que todavía no termina de reconocerlas.
Mientras recorría el paisaje virtual de Google Maps, casi ausente de presencias humanas, sentí la necesidad de contrastar esa mirada externa y anónima con la experiencia directa de los autores de la autoconstrucción. Visité sitios en obra y viviendas en Lima Sur, donde conversé con los maestros, que actúan como catalizadores del proceso, y con las familias, que impulsan el crecimiento de sus hogares. Sus relatos concretaron la abstracción del archivo: detrás de cada ladrillo expuesto y cada estructura inacabada hay una acumulación de esfuerzos, conocimientos y aspiraciones que levantan la ciudad. Casa por casa. Familia por familia.
Las imágenes de Google Maps y los testimonios recogidos conviven en esta exhibición, que tiene lugar en una casa próxima a ser demolida para dar paso a un edificio. Es una vivienda de 1968, una época en la que la autoconstrucción ya era un tema central en los debates sobre la ciudad. Urbanistas y arquitectos, tanto locales como internacionales, vieron en este fenómeno un laboratorio para explorar procesos de crecimiento urbano espontáneo y una agencia colectiva frente a la rigidez de la planificación tradicional. La visión era optimista: esta ebullición social que transformaba el perfil urbano podría dar lugar a un nuevo orden. Décadas después, seguimos habitando una ciudad moldeada por ese desborde popular: un proceso autónomo y masivo que reconfiguró Lima desde abajo, sin que el Estado ni las estructuras formales lograran integrarlo plenamente y establecer ese ansiado nuevo orden.
¿Qué revela el paisaje que hemos construido? Urbe Infinita es un intento por entender nuestro entorno urbano como un sistema vivo. Pensar los hogares autoconstruidos como archivos generacionales. Sueños en construcción continua. Un registro visual de cómo las personas se adaptan y sobreviven en un sistema que no siempre las incluye. El azar y la necesidad convertidos en arquitectura,en ciudad, en hogar. Estas estructuras son monumentos contradictorios: a la resiliencia, al esfuerzo, a la precariedad y al abandono estatal. Y son, finalmente, expresiones de la necesidad humana de persistir, de crear, de construir.
-rafaella castagnola, lima, mayo de 2025.